Por gusto, comodidad o costumbre, tendemos a focalizar nuestra atención en un tipo determinado de prensa, emisora de radio, canal de TV, etc.. Confiamos en la ética periodística, damos por buena y veraz la información que los medios de comunicación nos trasmiten y no hacemos el sano ejercicio de contrastar y reflexionar críticamente sobre lo que se nos dice.
Los Medios de comunicación
[1] han supuesto un enorme avance en la difusión de la cultura y de la información, así como en la posibilidad de participación en la vida pública; sin embargo, en su propia concepción lleva algunos aspectos negativos:
- La deformación de sus contenidos, normalmente simplificándolos, para adaptarlos a un tipo medio de público.
- El hecho de que los medios masivos de comunicación consideran a los receptores como una masa homogénea, sin atender a las peculiaridades culturales que los individualizan.
- Su carácter “conservador” y su falta de espíritu crítico como consecuencia de limitarse a transmitir hechos culturales ya “experimentados” en otros niveles superiores.
- Su sometimiento a los principios de la sociedad de consumo.
- El extraordinario poder (“El cuarto poder” se les ha llamado) que tienen como instrumento para la imposición de ideologías.
- El carácter pasivo de la recepción, la imposibilidad de diálogo al tratarse de una comunicación unilateral y filtrada.